miércoles, 11 de diciembre de 2013

PILATES Y CIÁTICA



El nervio ciático es el más ancho y largo del cuerpo. Comienza en la columna lumbar, se dirige hasta la parte superior de los muslos, por los cuales continúa y se divide en dos pequeñas ramas detrás de las rodillas que van hasta los pies. Su gran extensión lo hace más vulnerable a la presión o daño, provocando dolor. A su inflamación se le llama comúnmente ciática o lumbociática.
La ciática es la inflamación del nervio ciático, producida por un problema a nivel vertebral, por compresión de la raíz nerviosa, aunque en muchos casos puede producirse por una compresión muscular (contractura) en alguna parte de su recorrido. La ciática es un dolor intenso que aparece de repente y nos incapacita para realizar movimientos simples y cotidianos. Estas molestias afectan al 80% de la población, pero se pueden prevenir y resolver con unos sencillos ejercicios.
El método Pilates contribuye a eliminar las posturas forzadas y a mantener la estabilidad y la posición correcta de la zona afectada, provocando un adecuado alineamiento vertebral. La práctica del Pilates proporciona una reeducación postural muy efectiva que elimina los malos hábitos adquiridos, que generan desequilibrios y patologías en la columna vertebral y que pueden ocasionar pinzamientos en el nervio ciático. La mayor parte de los casos de ciática son reversibles con sencillas precauciones y cuidados para reducir el dolor y estimular la rehabilitación y principalmente mucha paciencia, ya que suelen necesitarse varias semanas para que la molestia haya desaparecido.
¿Cuáles son los objetivos que debemos plantearnos en Pilates?
1.- Mejorar la estabilidad de la región lumbopélvica, mejorando el control motor de la musculatura estabilizadora: transverso abdominal, suelo pélvico, multífidos, diafragma…
2.- Disociación de cadera – pelvis ayudando a separar los movimientos en los grados correctos para que no afecte a la lumbar. Recordemos que un déficit de movimiento en la cadera puede ocasionar una hipermovilidad lumbar.
3.- Mejorar la movilidad de la columna torácica en todos los planos de movimiento.
4.- Evitar ejercicios de flexión de cadera con la rodilla estirada, pues puede crear presión.

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